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Asadur Jorge Tchekmedyian es médico. Se especializó en Gastroenterología primero y en Endoscopía después. Es jefe del Servicio de Endoscopía Digestiva de la Asociación Española y presidente de la Inter-American Society for Digestive Endoscopy. Es Senior 1989 y el 3 de diciembre recibió uno de las distinciones que anualmente otorga el Colegio Médico del Uruguay.

Asadur nos visitó en Crandon días después de haber recibido el premio «Médico Vocacional». Conversamos sobre sus recuerdos como exalumno, la importancia del reconocimiento recibido y recorrimos parte de la Institución. Hilvanamos historias de sus años en Crandon y de un presente cargado de responsabilidad.

El Colegio fue su casa de estudios desde Educación Inicial hasta Secundaria. Dice que «recuerda todo» porque es el lugar donde creció y recogió amigos para toda la vida. A muchos los dejó de ver y cuando se los ha encontrado «hablan como si el tiempo no hubiera pasado, sin necesidad de introducción previa». Asadur explica que de niño y de adolescente era hiperactivo y se nota en un discurso verborrágico, enérgico y decidido. Dice que es metódico en su trabajo, algo que se evidencia en los datos y en las explicaciones que aporta. Agrega que era y es un gran lector, aspecto que se observa en las referencias históricas y en las literarias con las que enriquece la conversación.

¿Qué aprendizajes te llevaste de Crandon?
Los valores: la tolerancia, el respeto por el prójimo. Acá siempre se nos enseñó a aceptar al otro venga de donde venga. Crandon siempre cultivó eso. Pienso que la tolerancia es fundamental para crecer como sociedad. El lema de nuestra generación If there´s a will, there´s a way es un impulso. Cómo decidimos el lema hace a los valores de la Institución; fue un momento trascendental de mi vida como estudiante. También las celebraciones de los Seniors marcan para toda la vida. No es poca cosa. Hay otros momentos, además. Por ejemplo, la hora del almuerzo: poder sentarte a comer con tus compañeros con tranquilidad, sin que nadie te corra, una comida sana en un ambiente distendido. Recuerdo anécdotas de ese momento hasta el día de hoy.

¿De la formación académica?
Separo la escuela del liceo. Me acuerdo muchas anécdotas de la escuela y recuerdo maestros que me enseñaron lo más importante: aprender a aprender. En el liceo, creo que por un tema personal, me costó aprender a aprender. De hecho, en quinto perdí varios exámenes. Siempre fui muy ansioso e hiperactivo y eso distorsionaba el aprendizaje.

Nunca tuve facilidad para los idiomas, pero acá el inglés fue fundamental y salí con una base muy buena, aunque no era de los mejores. Hacer Medicina sin inglés es imposible. Se necesita para poder estar al día y para abrirte al mundo.

¿Cómo nació tu vocación por la Medicina?
Vengo de una familia de médicos. A mí siempre me gustaba ayudar y quería ser rescatista. Me fui a Estados Unidos cuando terminé el liceo. Allá iba a un Hospital a trabajar y cuando volví a Uruguay decidí estudiar Medicina. Ya no había otra cosa para hacer en mi cabeza y hoy en día, si tuviera que volver a empezar, estudiaría Medicina.

¿Y la especialidad?
Cuando terminé el Internado no tenía muy claro qué seguir. En ese momento hacía guardias en Colonia y la médica de guardia hacía Gastroenterología. Me entusiasmó. Cursé la especialidad y me he dedicado a la Endoscopía que actualmente es una especialidad en sí misma. No ha sido fácil porque en los lugares donde hay cátedras únicas hay que sobrellevar muchos aspectos adversos. Y en ese retomé lo que aprendí en el Colegio… Nunca me gustó la injusticia. Siempre me involucré en la defensa de lo que creo que está bien y eso me ha generado problemas en la carrera porque mover el status quo tiene un costo. Pero Crandon y mi familia me prepararon para enfrentar las dificultades.

Eso está muy vinculado al premio que recibiste…
Me llamó mucho la atención recibirlo porque es un premio a la ética, al humanismo y la ciencia. En general, estamos acostumbrados a los premios por trabajos científicos en respuesta a la labor académica y este tipo de premiación es diferente. Compartí el reconocimiento con gente de gran trayectoria y otros ya retirados. Me enorgullece, pero también es una enorme responsabilidad, es un impulso a hacer las cosas cada vez mejor. Es una forma de demostrar que vale la pena dar peleas y enfrentar el sufrimiento que conlleva defender los ideales.

El premio te compromete a continuar
Sí, es una enorme responsabilidad. No solamente en lo profesional, sino en lo social. Siempre hay un cómo, siempre hay una manera. No hay que dejarse vencer por las circunstancias. Hay que tener la fortaleza para salir adelante ante los problemas. Traté de transmitir eso cuando me tocó hacer docencia y trato de que lo aprendan mis hijos. En definitiva, no hay que detenerse. Eso es algo que aprendí en mi familia y aquí, en Crandon.

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