Secundaria
2 de junio de 2026
Con la participación de más de 80 estudiantes, el campamento de primer grado de Educación Media Superior (EMS) funcionó como una extensión del aula centrada en la cocreación de propuestas, el liderazgo juvenil y los espacios de reflexión comunitaria.
El sábado 23 y domingo 24 de mayo, la generación de primer año de EMS se trasladó al Campamento Artigas, en el Departamento de Colonia, para llevar a cabo su campamento didáctico-recreativo anual. Esta instancia se proyecta con objetivos que trascienden el esparcimiento: consolidar las pautas de convivencia, profundizar la integración generacional y funcionar como un aula extendida en la naturaleza, enriqueciendo el tejido de vínculos que sostiene la propuesta del Instituto Crandon.
Autonomía y cocreación
Una de las características fundamentales de esta edición fue el proceso de codiseño del programa. En continuidad con la metodología aplicada el año anterior, se coordinaron encuentros previos entre docentes y estudiantes y se conformó una comisión integrada por delegaciones de cada grupo. Los representantes asumieron la responsabilidad de relevar los intereses, preferencias y expectativas de sus pares, articulando ideas y evaluando qué actividades mantener o transformar para construir una agenda a la medida de la generación.
Una inmediata evaluación posterior confirmó el valor pedagógico de este esfuerzo: quienes participaron manifestaron haber sentido el campamento como propio, diseñado y elaborado por sí mismos.
Vivencias compartidas, reflexión y gratitud
Asimismo, el desarrollo fluido de las jornadas se potenció por un sólido equipo de líderes dentro de la generación. Este equipo estudiantil asumió la tarea de contagiar entusiasmo y transmitir el funcionamiento de las dinámicas, llegando a guiar de forma autónoma varias de las propuestas del itinerario.
El programa incluyó un recorrido de reconocimiento del lugar con juegos de integración, una caminata hacia la playa y una yincana distribuida en estaciones que abarcaron actividades en botes y de ciencias, deportes alternativos y una ludoteca. La jornada del sábado concluyó con un fogón nocturno y la proyección de la película Maze Runner, pieza seleccionada previamente por votación estudiantil.
El domingo por la mañana, la actividad se vinculó con las raíces de nuestra identidad a través de la celebración del Día del Metodismo. El espacio de reflexión, coordinado por el Prof. Daniel Morales Sánchez (Pastoral Educativa), se centró en la importancia del encuentro, la valoración de la vivencia compartida, la luz interior que cada integrante posee para aportar al colectivo y el ejercicio indispensable de la gratitud.
Tras este momento de introspección, se dio paso a instancias de juego libre y torneos deportivos. El campamento concluyó con una evaluación general. Estas vivencias compartidas confirman que el aprendizaje y la formación humana se enriquecen profundamente cuando los estudiantes asumen la responsabilidad de habitar y construir sus propios espacios de convivencia.
El valor de los hilos: una profunda instancia de fe
Uno de los momentos más significativos fue el Devocional del domingo, coordinado con el equipo de Pastoral y liderado por la Profa. Sandra Regina dos Santos. En esta instancia de reflexión sobre la adolescencia y la pertenencia, se utilizó la metáfora de los hilos trenzados ―ejercicio que el grupo realizó desde el sábado― para explicar la construcción de la identidad en el vínculo interpersonal.
En este mensaje, se resaltó que los seres humanos somos «profundamente relacionales» y que, al igual que los hilos, nos transformamos al unirnos. En las palabras de meditación, la docente expresó:
Las personas también somos hilos entrelazados y transformados y, al igual que Dios ―que es relación― somos amor compartido. Dios se experimenta en comunidad, una comunidad que es clave para transitar la adolescencia, una etapa fermental, incómoda y llena de dudas. «Como comunidad de alumnos de Crandon, desde la fe somos llamados a ser con el otro. (…) Estamos llamados a ser una red que sostiene, que cuida, que alimenta».
Además, la profesora comparó a la comunidad estudiantil con el micelio, la red invisible de la naturaleza que conecta y nutre a las plantas, e invitó a la audiencia a ser una «red de cuidado» donde el dolor o la necesidad de un compañero no resulte indiferente para el resto.
Un mensaje para el «yo del futuro»
El campamento también incluyó la tradicional redacción de la «carta para el yo del futuro». Los integrantes de esta generación se tomaron un tiempo para la introspección y pusieron en palabras sus sentimientos, desafíos y expectativas para los años de liceo que tienen por delante.
Este encuentro en Colonia reafirma la importancia de las experiencias vivenciales para la formación integral de nuestros alumnos. Al encontrarse fuera del ámbito liceal cotidiano, los jóvenes de 7.º pusieron a prueba su capacidad para el cuidado interpersonal y comprendieron que forman parte de una trama mayor: una comunidad que, al igual que esos hilos de colores, se vuelve más fuerte y bella cuando se entreteje con respeto, responsabilidad y ternura.
Equipo docente: Profes. Ignacio Fernández Puglia, Maite Hernández Piña, Mauricio Garín Schlapp, Daniel Morales Sánchez; Psic. Gabriela Moreira Esteban; Mag. Cristina Roggero Pérez (directora); Profa. Victoria Diez Quinteros y Mag. Nadia Yhanara Pérez (profesoras orientadoras pedagógicas de la generación).
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