Secundaria

23 de octubre de 2026

Gianfranco Barboni Esteves, Valentina Martínez Gerolami y Martina Reyes Moreira representaron al Instituto Crandon en el Congreso Internacional de ALAIME 2026 y en el XIV Encuentro Internacional de Estudiantes Secundarios, celebrados en Lima. La experiencia permitió tender puentes con delegaciones de toda la región y reafirmar los valores compartidos de la educación metodista desde una perspectiva plural, reflexiva y fraterna.

Del 2 al 4 de octubre de 2026, la capital peruana congregó a directivos, docentes, equipos de Pastoral y estudiantes de instituciones metodistas de América Latina bajo el lema «Pedagogía de la ternura y del cuidado: enfoques en la educación metodista». La sede principal de las actividades académicas fue el Colegio María Alvarado – Lima High School —institución que celebra 120 años de trayectoria—, mientras que el programa juvenil se desarrolló en las instalaciones del Camp Lurín (zona metropolitana de Lima). 

La delegación de Crandon, además de los estudiantes mencionados, estuvo integrada por la directora general, Mag. Adriana Brandón González; la subdirectora de Primaria, Alejandra Besola Paolino; la directora de Secundaria, Cristina Roggero Pérez; y el docente de Educación Cristiana, Lic. Federico Plenc Nobre. 

El valor del encuentro: diálogo cultural e integración cotidiana

Para la delegación estudiantil de Crandon, el arribo a la capital peruana estuvo marcado por el impacto del intenso tráfico vehicular y un cielo gris y húmedo que desarmó sus expectativas primaverales. La extrañeza inicial se desvaneció con rapidez al entrar en contacto con pares de otros países. Un partido espontáneo de vóley con la delegación de México sirvió para romper el hielo y dar paso a conversaciones cotidianas que fluyeron con naturalidad durante toda la estadía. 

Uno de los aspectos más significativos de la experiencia fue la presentación de identidades nacionales. Al observar que las distintas representaciones compartían aspectos de sus culturas de origen, el equipo de Crandon adaptó su propuesta, que inicialmente se centraba en aspectos institucionales, para transmitir rasgos distintivos de la identidad uruguaya: la gastronomía tradicional, la costumbre de jugar al truco y la rambla montevideana, entre otros. 

El contacto interpersonal dejó una huella profunda en el grupo, que coincidió en que el aspecto más enriquecedor del viaje consistió en conocer a sus pares de la región y descubrir, mediante el diálogo cercano, cómo las comunidades de América Latina viven una misma tradición metodista desde realidades y costumbres muy diversas.

Identidad compartida y miradas diversas

El encuentro propició un valioso ejercicio de autoconocimiento institucional al contrastar las prácticas cotidianas de las distintas comunidades. Frente a delegaciones con diferentes aproximaciones a la fe metodista, los estudiantes de Crandon pusieron en valor el arraigo de la laicidad uruguaya y la tradición de una institución confesante y no confesional.

Asimismo, los jóvenes abordaron con mirada crítica algunas dinámicas organizativas desde una perspectiva de equidad. Ante la entrega de recuerdos diferenciados por género, el grupo reflexionó sobre la importancia de promover la libertad de elección y la igualdad de trato. 

Más allá de estas diferencias, que enriquecieron la experiencia, la evaluación es ampliamente gratificante. Gianfranco, Valentina y Martina coincidieron en que el balance final superó sus expectativas: convivir durante cuatro jornadas con jóvenes de toda la región ensanchó su perspectiva del mundo, fortaleció la confianza en sus propias convicciones y les permitió descubrir el valor de caminar juntos desde la diversidad.

La participación estudiantil en el encuentro de ALAIME 2026 fortaleció el sentido de pertenencia de Crandon a una red continental viva y enriquecedora. Al regresar a las aulas montevideanas, la delegación trajo consigo el entusiasmo por la próxima edición del encuentro —prevista para 2027 en Panamá—, además de la confirmación de que dialogar desde la diferencia consolida los valores comunes y proyecta una educación orientada al cuidado de la comunidad.

El trabajo de las delegaciones culminó con la Carta de Lima 2026, un manifiesto generacional en el que los estudiantes asumieron el compromiso de liderar desde la empatía y el servicio. En el documento, las juventudes metodistas proclamaron que la autonomía individual cobra sentido únicamente cuando se orienta al bienestar común, sintetizando su visión en una convicción compartida: «Nuestra diversidad latinoamericana nos recuerda que no necesitamos pensar igual para caminar juntos».

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