Secundaria
17 de agosto de 2026
«No olvides nunca que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos. Debéis permanecer vigilantes durante toda vuestra vida». Simone de Beauvoir
La Comedia Nacional presenta una nueva producción de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca (1898-1936), con versión y dirección de Amelia Ochandiano. El estreno fue el 1.° de agosto y, a las funciones del viernes 7 y sábado 8, asistieron estudiantes de primero, segundo y tercer grado de Educación Media Superior (EMS). La iniciativa estuvo a cargo de las Profas. Victoria Diez Quinteros, Viviana Langone Saracho y Alejandra Merglen Ostapchenco, en el marco del programa de Literatura.
La casa de Bernarda Alba es una propuesta cultural de tiempo pausado, que requiere una atención sostenida (100 minutos) y en la que no hay conceptos predigeridos. Los diálogos fueron escritos hace más de 90 años y el tema, a simple golpe de vista, podría parecer perimido. Este formato parecería distante de la lógica e intereses del mundo juvenil; sin embargo, los estudiantes demostraron genuino interés y el aplauso de cierre dio cuenta del disfrute y de la conmoción ante el final.
La función representó una oportunidad para ejercer el rol de espectadores, expandir el bagaje simbólico y descubrir en escena el legado literario y teatral de un autor ineludible.
La pieza teatral de Federico García Lorca es reconocida como una de las grandes obras del teatro universal. La puesta en escena de Amelia Ochandiano (Madrid) es rigurosa en los diálogos y audaz en la ampliación del elenco —que está integrado por veinte actrices en escena— y en el uso de ciertos recursos ornamentales. Entre estos, se destaca el peso del luto de ocho años que Bernarda, la madre, impone a sus cinco hijas luego del fallecimiento del patriarca.
El agobio de las costumbres se intensifica por el calor del pueblo y el encierro de la casa. El ambiente es pernicioso; en esa morada abunda la sed de una pasión no consumada. La falta de perspectiva que destruye el candor juvenil de las hijas se altera con la llegada de un pretendiente. Las condiciones impuestas por el patriarcado, a través de la madre, desatan el peor de los finales. La muerte da inicio y parece cerrar la obra; sin embargo, las mujeres callan a Bernarda antes de caer el telón. Lo hacen con una sonoridad compartida, un efecto que se mete en la piel de la audiencia y que resignifica la vigencia de la obra.
Créditos: Carlos Dossena (imágenes); Mag. Gabriela Cabrera Castromán (textos)
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