Secundaria

18 de setiembre de 2026

Daniel Mella y estudiantes

Introduce un concepto. Elige las palabras exactas con naturalidad. Tiene cadencia, ritmo y modula la voz. Se detiene. Mira al auditorio, le da la palabra. Hace un nuevo silencio expectante y continúa. Propone ejercicios, reflexiona y nuevamente abre el juego estudiantil.

Sabíamos que Daniel Mella es dueño de la palabra escrita y en The music of words lo descubrimos como tallerista en inglés. En la Biblioteca Cecilia Güelfi, el escritor propuso explorar la riqueza expresiva de esta lengua a partir del ritmo sonoro, la potencia de las imágenes, la creación de suspenso y la libertad de la ficción. El encuentro tuvo lugar el 8 de setiembre, en el marco de la primera edición bilingüe del certamen literario anual de Secundaria, ante estudiantes de 8.° de Educación Media Básica a 3.° de Educación Media Superior). 

En la presentación, la Profa. Carolina Sanjurjo Olavarría, coordinadora de Inglés en Secundaria, destacó la oportunidad formativa del encuentro con el reconocido autor nacional ―publicó su primera novela a los 21 años y recibió en dos ocasiones el Premio Bartolomé Hidalgo (2013 y 2017)―, quien además es profesor de lengua inglesa.

La primera invitación del tallerista fue la reflexión sobre la identidad personal a partir de una experiencia del cineasta chileno Alejandro Jodorowsky, quien descubrió en su apellido el anagrama «Ojo de oro». Bajo la certeza de que todo nombre encierra un mensaje por descifrar, propuso al grupo intervenir sus nombres y descubrir las palabras ocultas en sus letras.

El juego con los anagramas generó hallazgos singulares: desde la noción de mente, pasando por la transformación de be let en let be, hasta combinaciones que dialogaban con ser valiente o con el atractivo reposo de la pereza final. En palabras del autor, el nombre personal parece ser una imposición inmutable, pero el oficio de escribir concede el permiso de modificarlo y utilizarlo, como las máscaras del teatro clásico, para crear una nueva voz.

La prosa como partitura: el compás de las oraciones

La siguiente página trasladó al auditorio a la dimensión acústica del texto a partir de las ideas del escritor norteamericano Gary Provost (1944-1995) sobre la musicalidad de la trama escrita (Write music). Mella subrayó que la mirada editorial o la complicidad del lector se conquistan en las primeras páginas a través de la cadencia, el ritmo y la sonoridad del lenguaje.


Para el autor, una estructura inicial breve abre una puerta amena y facilita el ingreso a la historia; luego, las frases pueden ensancharse para desplegar complejidad y volver a acortarse al llegar al desenlace. Asimismo, destacó que el oído de quien lee demanda variedad emocional y enfatizó, a modo de ejemplo, que la tristeza cobra mayor hondura cuando dialoga con la alegría.

A través de un ejercicio práctico que consistió en narrar el despertar cotidiano en dos párrafos con métricas y extensiones contrastadas, los liceales experimentaron la escritura como un ejercicio de composición. En este marco, el tallerista invitó a abrazar los límites formales del certamen, ya que la limitación opera como un disparador que despierta la imaginación y da inicio a la magia literaria.

Imágenes sensoriales y el pulso del suspenso

Más allá de la música interior de las frases, el autor insistió en la necesidad de alimentar el apetito visual mediante descripciones que involucren los sentidos. Al contraponer imágenes (una pareja joven que pasea en la playa o una de ancianos en un cementerio), invitó a quebrar estereotipos y buscar imágenes memorables que desafíen lo previsible.

El cierre abordó la administración de la intriga. Una buena narración dosifica los datos sin apresurarse a revelar lo obvio, explicó. Esta técnica está presente desde los relatos orales clásicos, atraviesa la épica de La Odisea y se encuentra en varios pasajes bíblicos. Conviene detenerse en la «bomba» que va a estallar en el texto que se está escribiendo. Es un mecanismo del que no hay que abusar, aclaró.

En el cruce entre la memoria personal y la invención, Mella animó al grupo a basarse en la experiencia personal y aplicar el concepto del «espíritu de la escalera»: alterar lo vivido, narrar lo que no fue y permitirse cambiar el rumbo de los hechos sobre el papel. A modo de epílogo, declaró que «describir lo que no sucedió, lo que se desea que haya sucedido, resulta más atractivo». 

La respuesta estudiantil tras el taller confirmó el impacto positivo de la propuesta. Quienes asistieron resaltaron la cercanía del autor y la efectividad de las dinámicas propuestas ― la construcción de imágenes sensoriales y el uso de la memoria personal para crear ficción, entre otras―. La recepción entusiasta ratifica la pertinencia del taller y de incorporar el inglés en esta edición del concurso literario, además de consolidar un ámbito en el que el idioma trasciende las pautas académicas habituales para vivirse como un territorio fértil de experimentación, juego y expresión personal.

Daniel Mella y estudiantes

Créditos: Audiovisuales (imágenes); Mag. Gabriela Cabrera Castromán (textos)

0 Comments

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Etiquetas:

Centro de Recursos para el AprendizajeCRAEducación Media BásicaEducación Media SuperiorEMBEMSSecundaria