Secundaria
22 de agosto de 2025
Viernes 15 de agosto de mañana (*). La sala principal de la Biblioteca de Secundaria está colmada. Participan estudiantes de Educación Media Básica y Educación Media Superior interesados en el concurso literario que el Departamento de Secundaria realiza todos los años. El escritor y docente Fabián Severo (Artigas) es el tallerista convocado.
Fabián se sirve agua. Todos se ubican rápidamente. Además del silencio, se percibe la expectativa. «Soy profe de literatura, coordino talleres, además escribo. (…) No tengo recetas de cómo se escribe. Escribir es una palabra al lado de la otra en la hoja. A escribir se aprende escribiendo. (…) Esto es un oficio y algunos de nosotros podemos arrimar alguna herramienta para que ustedes puedan intentarlo (…) Me gustaría que todos los liceos tengan su palabratorio”.
No hay prescripciones mágicas ni químicas, pero sí hay conocimiento y formación. «En el palabratorio de hoy, vamos a jugar con las palabras. Traje una caja y papelitos chiquititos, hay uno para cada uno. Piensen en una palabra para guardar en una caja (porque te gusta mucho, te encanta o no te atrevés a decirla). Es un juego, no da para pensar mucho» . Minutos después, «consuelo», «alegría», «otrora», «confianza» y «verosímil», entre otras, viajan directo a la caja.
Tiene ritmo y la sonoridad particular del acento portuñol. Genera empatía inmediata. Sonríe y se mueve todo el tiempo. Explica eficazmente la segunda consigna: «escribir tres palabras que gusten y tres que no». De inmediato, se mueven las lapiceras. Hay afinidad por «empatía», «familia», «alegría», «nostalgia», «sinfonía»… En cambio, generan rechazo: enfermo, narciso, morir, miedo, agresivo, exótico, tiempo, odio, límite…
«Nuestro material de trabajo es la palabra, jugamos con rimas y contamos sílabas. Y ahora vamos a empezar a crear imágenes, porque los escritores trabajamos con imágenes para que los lectores puedan imaginárselas», agrega. El siguiente ejercicio es elegir dos palabras y compararlas con imágenes que se despliegan en la pantalla. Los frutos de la práctica son inminentes: «Enamorarse es como un carrusel», «La soledad es como un vacío», «Crecer es como una promesa»…
Fabián es verborrágico. Se da cuenta del ritmo acelerado de los últimos minutos y pide que lo desaceleren. Sin embargo, todos lo siguen. Para trabajar con la siguiente herramienta, la metáfora, les propone elegir dos palabras, escribir una comparación y eliminar el nexo. De las hojas, florecen: «El miedo es una calle sin fin», «La alegría es un amigo», «Las nubes son mapas», «Las sombras son telas», «La frontera es un fantasma»…
El recurso que le sigue es la personificación o prosopopeya. «Vamos a hacer una fábrica de personificaciones ―sugiere―. Vamos a elegir dos elementos y un verbo animado. Recuerden que en literatura todo se puede hacer si queda bien». Los estudiantes se animan, escriben y después comparten la producción: «El sol acaricia mi ventana», «La arena llora en mi reloj», «El mar llora por mi ventana», «Mi luna descansa sobre tu cama».
«Ahora hay que hacer la magia: transformar todo esto en una primera versión de un texto. Tiro una idea, si no les sirve, pueden agarrar para cualquier otro lado. Se pueden usar las palabras trabajadas u otras. La propuesta es que escriban sobre lo que hay adentro de la caja de palabras de cada uno». Solo se escuchan lapiceras sobre el papel. Hay alguna vista perdida, muchos ojos fijos en las cuadernolas. Los celulares no son protagonistas, están al margen.
Surge una historia de amor, una caja que explota, una reflexión sobre palabras que están en desuso. Hay un relato sobre la nostalgia, otro en el que el miedo es el protagonista. Una alumna repara en las diferencias de cada persona/caja. Surgen las mentiras, la confianza y palabras que quieren salir de la caja.
«No tengo recetas, creo que escribir es jugar con palabras que van una detrás de la otra. Las palabras reactivan palabras, por eso leo mucho. Leo a los que saben para ver si se me contagia algo. El proceso de escritura tiene una primera parte que es torrencial ante algo que los sorprendió o conmovió. Se corrige cuando se termina de escribir. Anímense a escribir y a presentarse al concurso. Yo me presenté dos veces, con Viralata, al Concurso Nacional de Escritura. La primera vez nada y la segunda vez ganó el primer premio».
Fabián da por finalizado el taller. Les pide que saquen de la caja una palabra y que sea el título de un texto. Todos se llevan un papelito, varios se quedan y otros vuelven a hablar con Fabián de libros, autores y textos que abren caminos.
(*) El 29 de agosto se repite el taller debido a la gran cantidad de estudiantes interesados.
Créditos: Centro de Recursos para el Aprendizaje (imágenes); Mag. Gabriela Cabrera Castromán (textos)
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