Secundaria
8 de setiembre de 2026
Durante el recreo de las 10:00 h, la sala principal de la Biblioteca Cecilia Güelfi comenzó a poblarse de liceales. La escritora, correctora y redactora Mariela Peña los recibió y abrió el juego de la conversación: les preguntó sobre sus intereses en relación con la escritura y anticipó algunas de las certezas que guiarían la mañana: «Te van a quedar ganas de escribir», «vamos a hablar de los mitos que hay alrededor de la poesía» y «ser revolucionario tiene que ver con adoptar las formas en desuso con los temas de hoy». Con este impulso inicial y un entusiasmo contagiante, el lunes 31 de agosto tuvo lugar el Taller intensivo de producción poética orientado a brindar herramientas técnicas y expresivas en el marco del concurso literario anual.
La construcción del yo lírico y el asombro cotidiano
«No todos los poemas tienen que ser uno contando lo que le pasa», planteó la escritora al abrir el bloque de trabajo sobre la voz poética. La premisa permitió correr la escritura del registro estrictamente testimonial para situarla en el terreno de la observación atenta. Quien habla en el poema es un yo lírico que se construye, elige desde dónde mirar y decide qué distancia guardar respecto de lo que nombra, explicó ante un auditorio atento.
Para ilustrarlo, la autora presentó a la poeta y ensayista Wisława Szymborska (Polonia, 1923-2012), quien abordó la muerte a través de la cotidianidad de un gato en Morir, eso no se le hace a un gato. Esta obra, junto con otros ejemplos, sirvió para trabajar otro tema: la frontera con la narrativa. Si la prosa avanza encadenando historias con lógica causal, la poesía opera desde el asombro cotidiano para resignificar lo que nos rodea.
Desarmar el lugar común: el valor de la voz propia
El encuentro alternó momentos de escucha atenta con el análisis de diversas producciones escritas. La lectura de Oración para jóvenes enamorados, texto premiado en la edición anterior del certamen liceal, abrió una exégesis compartida donde el grupo examinó en el ritmo, la musicalidad y el manejo del verso libre. A su vez, el intercambio en torno a los borradores presentados por las y los participantes —la búsqueda formal en el soneto de Lucas, la honestidad cotidiana en los versos sobre el afecto de Amelie o la precisión de Sol al explorar la madurez— permitió visibilizar que la rima no es obligatoria y que la fuerza poética reside en la autenticidad y en la renuncia al artificio.
A partir de estos inventarios, cada estudiante eligió una imagen para comenzar a redactar un poema, asumiendo una voz poética capaz de trascender la anécdota personal. La consigna continuará en los próximos días mediante el intercambio por correo electrónico, lo que extenderá el proceso de corrección y acompañamiento individual.
Para ejercitar la toma de distancia de los lugares comunes, la tallerista propuso la «teoría de la segunda idea», que invita a descartar la primera asociación mental por ser propensa al cliché. A partir de consignas disparadoras —listas sobre cosas que se rompen sin hacer ruido, certezas que se aprenden tarde o gestos que reparan el corazón—, los jóvenes exploraron imágenes sensoriales orientadas a mostrar en lugar de sobreexplicar. Como recordó la tallerista al citar al escritor argentino Pedro Mairal, asumir una mirada poética transforma la percepción, pues en la vida cotidiana no existen las situaciones aburridas cuando todo lo que sucede puede convertirse en materia de creación.
Hacia el final, la energía del aula dio paso a una invitación a no escribir en soledad. La facilitadora compartió el dinamismo de la escena poética joven actual, las publicaciones autogestionadas y la experiencia de colectivos independientes —como los encuentros en la librería Guarida— que demuestran la vitalidad de la palabra compartida. En ese marco, alentó al estudiantado a formar clubes de lectura y espacios de escritura entre pares para consolidar grupos donde intercambiar lecturas, debatir ideas y ejercitar la creatividad.
Cada año, el certamen literario abre un ámbito para que los liceales pongan en juego su voz. La propuesta del taller apuntó a enriquecer este proceso: acompañar los primeros borradores, dar pautas concretas de corrección y mostrar que escribir exige paciencia, lectura atenta y constancia.
En la edición 2026, el concurso literario adquiere carácter bilingüe y es organizado en conjunto por la Sala de Literatura, el equipo profesional de la Biblioteca Cecilia Güelfi y la Sección de Inglés, con la colaboración de la Sala de Lengua Española. Esta propuesta interdisciplinaria afianza los valores de la formación humana y la excelencia académica que caracterizan al Instituto Crandon al promover en las aulas la sensibilidad, la libertad de pensamiento y el encuentro comunitario a través de la palabra.
Créditos: Audiovisuales (imágenes); Mag. Gabriela Cabrera Castromán (textos)
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