Secundaria
7 de mayo de 2026
Juan Diego Aisenberg, estudiante de Educación Media Superior (*)
Son las 16:05 h del 24 de julio de 2025. Cuatro timbres, uno en cada piso del edificio, suenan al unísono indicando que ha finalizado la jornada académica. Mientras que muchos ya están pensando en qué harán al llegar a sus casas, hay un grupo que decide quedarse en el colegio y, casi que en forma de peregrinación, se dirige a las cocinas. Allí van con el objetivo de cocinar galletitas de avena que permitirán mucho más que llenar el estómago de personas en contextos de gran vulnerabilidad; prepararán lo que en poco más de una hora generará puentes, abrirá conversaciones y ampliará sus perspectivas. Comienza la primera Merienda Solidaria del año del grupo de Voluntariado del Instituto Crandon.
Con el acompañamiento de numerosos docentes de la Pastoral Educativa, más de una veintena de niñas, niños y adolescentes se encuentran para formar parte de esta actividad ya clásica para la comunidad educativa. Desde Inicial hasta Secundaria, la propuesta se extiende a todos los alumnos, familias, docentes y funcionarios. Quienes participan se dividen en distintas mesas. Tras un breve repaso de la receta de galletitas de avena, la profesora de Gastronomía que acompaña la actividad indica que pueden empezar. Huevos, aceite, azúcar, harina y avena se encuentran en los bols y comienzan a volverse uno. Cada grupo a su ritmo, pero todos con el mismo objetivo y pensando en quienes recibirán el producto final. La cocina se nutre de las anécdotas del día, de risas y del encuentro intergeneracional que enriquece la propuesta.
Grandes placas de metal entran al horno. Las galletitas empiezan a crecer de forma directamente proporcional a la emoción de muchos ojos que, a través del vidrio, admiran sus preparaciones y esperan ansiosos. Pasan unos ocho minutos antes de que las placas sean retiradas del horno y las galletitas desmoldadas. En el proceso, algunas se parten y son estas las que son catadas por el equipo que las preparó. Hay en el ambiente un fuerte sentimiento de orgullo.
Faltan pocos minutos para emprender viaje. Antes, en ronda, se conversa sobre la importancia de la escucha y del estar abiertos a conocer otras realidades. La expectativa es notoria en los rostros de quienes se preparan para arrancar hacia la Plaza de los Treinta y Tres Orientales, ubicada en el centro de Montevideo. Del calor del horno se pasa al frío de la calle: la temperatura no supera los diez grados.
Varias tarjetas STM alzadas le indican al chofer del ómnibus 103, con destino a Ciudadela, que hay pasajeros para subir. Diez minutos después, la presencia de los y las jóvenes en la plaza llama la atención. Poco a poco, las personas comienzan a acercarse, algunas de ellas en silencio y tímidamente. Ante el ofrecimiento de galletitas y una bebida caliente, las reacciones son de lo más diversas: desde revisar los bolsillos, pensando que tienen un costo, hasta emocionarse y bendecir a los voluntarios que se acercan. La sorpresa es mayor cuando se enteran de que las tazas en las que reciben café o chocolatada son un regalo (la comunidad educativa las ha donado especialmente).
Cada historia de vida es única, pero muchas están marcadas por la pérdida de vínculos, las adicciones y la privación de libertad. Los intercambios entre voluntarios y personas en la plaza –muchas en situación de calle– provocan desde carcajadas hasta lágrimas. Para varios, ser escuchados se convierte en un regalo inesperado, que reconocen recibir muy pocas veces.
Pasó poco más de una hora y las galletitas ya se acabaron. Es momento de volver. Misma línea, mismo recorrido, pero con reflexiones que hacen que el retorno se sienta mucho más breve que la ida. Se cierra una nueva Merienda Solidaria bajo el consenso de un encuentro que fue muy enriquecedor y la convicción del valor del lema institucional: «Hay más bendición en dar que en recibir» (Hechos 20:35).
(*) Este texto fue escrito como cierre del Diploma en Storytelling de la Universidad de Montevideo; cursado por Juan Diego en abril de 2026. Las imágenes corresponden a una de las meriendas realizadas en 2025.
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Excelente texto.
Me llevó a casi estar ahí acompañando una acción tan linda, necesaria y emotiva.